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martes, 23 de agosto de 2016

Viaje a Perú: Cusco.



Holis! 

Tomé tantas fotos en el viaje que aún ando editando y no las he publicado todas. Pueden verlas aquí.  

CUSCO 

Lo que más me gustó: La plaza de armas. 
Lo que menos me gustó: Mal de altura. 


De Lima a Cusco viajamos en avión, en la aerolínea Peruvian, fue una mejora en comparación con VivaColombia pues acá el límite de maletas era mucho mayor, daban refrigerio y eran asientos numerados. Desafortunadamente escogí los asientos cerca a la salida de emergencia y no pudimos recostarnos durante el vuelo.     


En Lima nos habían advertido que Cusco al estar a 3.800 metros de altitud solía causar algo allá llamado 'soroche' que es el mal de altura. Y como yo he pasado toda mi vida a 442 metros sobre el nivel del mar, me afectó este mal. 

El Inca nos dio la bienvenida a Cusco

Té de coca
 Lo recomendado para esta molestia: Tomar té de coca, comer dulce y descansar. Tachemos dos de tres porque apenas llegamos había un tour de recorrido por Cusco, al cual no quería ir no sólo porque me encontraba enferma sino porque era un 'adicional' que costaba 100 soles y 12 dólares, es decir más de 100.000 pesos. Pero mi hermana me llevó, literalmente obligada, y debí recorrer la ciudad y luego subir a un complejo de ruinas (sí, subir) mientras sentía mareo, dolor punzante en la cabeza, malestar general y mucho frío.




Florecen en sequía. Cuando llegan las lluvias se vuelven bulbos.

En el templo de CoriCancha (Disculpen si lo escribo mal)
Vista de la ciudad
Bandera de la comunidad indígena

Ruinas del templo del rayo

Mi malestar terminó en la noche, cuando ya acabando el recorrido y debido a mi muy evidente dolor un compañero del tour le dio a mi hermana una pasta para el 'soroche', que acompañada con el té de coca me ayudó. En la plaza de armas compré otra para el día siguiente (que sólo estaríamos medio día en Cusco). Mi estado afectó en gran medida mi percepción de Cusco, que realmente no es una ciudad fea, es bastante tradicional (estilo pueblito) y tiene varios lugares para visitar. Me agradó ver que no sólo se usaban atuendos tradicionales indígenas para cobrar fotos a turistas sino que también en el día-a-día había varias mujeres que llevaban larga cabellera trenzada, ruana con lana de alpaca y sus bebés a sus espaldas. Pero por el mal de altura, no quedé con ganas de volver. 

Aún así, en la noche aproveché que estábamos en la Plaza de Armas (plaza central de Cusco) bastante bonita y turística para buscar comida y quizás un souvenir. Probé allí el Lomo Saltado, un plato muy común en Perú que consta de carne de res, salteada con verduras como la cebolla morada, y acompañada con papas a la francesa (más gruesas que las usuales) y arroz. Cabe destacar que los peruanos comparten el gusto por el picante con los mexicanos y que estos platos siempre van acompañados de ají al gusto. También, por antojo y necesidad, compré un cheesecake de maracuyá que comí en el hotel y que estaba delicioso.  
 
Han latinizado la palabra Sandwich convirtiéndola en Sanguche.  

De Cusco llevé a casa: 

Mate de Coca del hotel. Me pareció bastante curioso.
Están tan acostumbrados al ají que lo comen al desayuno.
Tomé unos sobres para traer a casa.  
Me encontré esta llama en el piso y decidí darle un buen hogar. 
Compré este bolso. Tiene un look tradicional, y me sirvió mucho el resto del viaje.

A mi mamá le compré una pequeña llama hecha en madera de cedro. 


Cuando al día siguiente nos informaron que nuestro itinerario nos haría pasar más tiempo en el pueblo de Machu Picchu que en Cusco la reacción de mi hermana y la mía fueron completamente opuestas (Felicidad en mi caso). Lo mejor quedó para lo último, la esperada visita a Machu Picchu. 

Besos***

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